Cuento: Cartas de Amor A Una Sirena

Esta es el primer cuento original de “La Torta del Recreo”. Espero sea de su agrado.

Carta de amor a una sirena

La noche que nos conocimos fue una bastante extraña. Me encontraba en una oscura noche en la playa. Mis padres me habían dicho que estaba prohibido salir a la arena a estas horas por lo fuerte que se pone la marea, pero no tenía planeado meterme al mar en esta ocasión. De pronto, las olas trajeron un ser hermoso. Este tenía una cola color escarlata fina y pura, unos senos cubiertos por dos conchas rojas, un cabello color café oscuro con forma ondulada, y con un cuerpo escultural. Pero lo que más me cautivó fueron sus ojos; de un precioso color caramelo, que demostraban profundidad e inseguridad.

Corrí hacia el océano para ayudar a la criatura y empezó nuestra primera conversación:
-Hola, veo que necesitas ayuda para regresar al agua. ¿Quieres mi auxilio?
La mujer solo se quedó observándome. Pero sus ojos decían más que mil palabras insensatas. Expresaban deseo y pasión.
De pronto, la criatura agachó su cuerpo contra la arena y empezó a escribir un mensaje sobre la arena:
“He visto en tu sonrisa una alegría que deseo conocer. Jamás antes me había encontrado a alguien que se viera tan alegre y vivaz. Desgraciadamente, no tengo la capacidad de hablar tu idioma humano, pero si se escribirlo.
Ya conocemos nuestros cuerpos, ahora conozcamos nuestras almas”.
Cuando la mujer se acercó a mi, me susurró al oído unas palabras que no comprendía:
-Sha due cuo yia se cal kum
A la mañana siguiente desperté con un extraño sabor de boca; dudaba si lo que había ocurrido ayer en aquella playa había sido real, o sólo producto de mi ilusa e ingenua cabeza.

Mi familia tenía un gran conocimiento sobre sirenas, por eso es que estoy aquí en las costas de Hawami: porque mi padre está buscando unos jeroglíficos de la antigua sirena Shael para completar su reporte de investigación y entregarlo a tiempo a los laboratorios de Houston, donde el trabaja. Busqué en la estantería de su extensa colección y encontré por fortuna el diccionario del sireneo al español. Después de una ardua búsqueda, logré interpretar esas palabras que me rondaban en la cabeza todo el día:
-Si me quieres encontrar, únete con las olas.
Al ver la frase traducida me causó muchísima confusión, pero supuse que había algo que tenía que hacer para ver de nuevo a esa sirena traviesa.
Comencé a redactar la primera carta que le iba a escribir:
“Sirena,
No sé ni cómo te llamas, pero siento que tus ojos los había visto en mis sueños. Tal vez esté exagerando, pero la belleza de aquellas dos perlas que ocultan tus párpados me inspiró que necesitas apoyo y seguridad. No se tú, pero yo sentí que encontré el amor a primera vista y pienso conquistarte con todas las armas que tenga.
Nos vemos en el mar,
Diego”

Al amanecer, esperé a que se me respondiera la carta, pero no fue así. Sentía una sensación de inseguridad y de “amor inalcanzable” como en los melodramas. Mi obsesión fue tal, que a cada hora iba al mar para ver si había alguna respuesta, esperando en vano.

Después de varios días de sentirme terriblemente fatal ante la incertidumbre y la cólera de no saber nada de ella, me sorprendí al dar una de mis acostumbradas caminatas a la playa; se encontraba una botella con una carta adentro, en donde su exterior decía: “Para Diego”
Abrí la botella con desesperación y descubrí los sentimientos de aquella mujer:
“Diego:
Primero que nada, te quiero hacer saber que yo ya no soy una niña; no andaré jugando a las indirectas porque ya estoy grande para esas cosas.

La verdad yo tenía ganas de algo más emocionante, pues tú no te diste a desear lo suficiente y te entregaste a mí sin haberme conocido. Yo te invité a conocer nuestras almas y me escribes pura cursilería que la verdad no veo que nuestra relación sería tomada en serio.
No me mandes más cartas, porque te aseguro que no las responderé! Ojalá hubieras sabido mejor el cómo jugar este juego del amor.

Mejor suerte la próxima,
Shael”

Después de esa carta, comprendí que no me valoré lo suficiente y me puse completamente a sus pies. Estuvo mal dejarme llevar tan fácil por lo que sentía y no conquistarla con la galantería y la forma apropiada que debía de hacerlo.

Me costó trabajo olvidar a la sirena: sobre todo la idea de que no la pude conocer y no pudimos intentarlo. Esa idea era la que más me frustraba, más que extrañarla.

Después de un mes, encontré a una mujer que expresaba la misma soledad en sus ojos y que se parecía mucho a mi Shael. Esta vez aprendí de mis errores y logré salir con ella a tomar un café en donde todo salió perfectamente.
Las cosas marchaban de manera extraordinaria, pero en caso de que no resultaran las cosas con mi nueva conquista, sabía que podía regresar a esa playa e intentarlo otra vez con la criatura marina que me robó la mirada e inspiró en mí buena vibra.

Fin.

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